LA COLUMNA DE GASPAR ALTAMIRA HOY CIRCO LOS TACHUELAS

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HOY EN LA COLUMNA DE GASPAR ALTAMAR EL CIRCO LOS TACHUELAS

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Gaspar Altamar Gallegos
Crítico de arte circense
“Mi madre Elsita fue una gran mujer que creyó todo lo que hacía”.
Palabras de Joaquín Maluenda Quezada en su libro: “Recordar es Vivir”

 

Caminando hacia el circo me encuentro con varias torres de cemento, no sé por qué se denominan Mall El Trébol, son las contradicciones de la modernidad, me introduzco a estos gigantes, transita mucha gente, nadie se saluda, mi alma de pueblerino se incomoda. Me escapo por una larga escalera, transito por los estacionamientos e inesperadamente llega a mis ojos una hermosa carpa, me detengo, mis ojos se alegran, cuatro banderas de mi patria flamean, se ven inmensas como el cielo, gloriosas y libres, como en la cúspide de la cordillera nevada, como los cuatro pétalos de un trébol tricolor.
Parece que la primavera volvió vestida de blanco y rosado, en esta tierra de Concepción, para sembrar la alegría, compartir la risa y el asombro.
El ambiente frío y displicente del Mall se traduce en un encanto al ingresar al Circo Los Tachuelas, un palacio circense, donde la infraestructura de calidad, la tecnología, el sonido, la iluminación, los efectos especiales, están a la altura de los mejores circos del mundo. Séptima generación circense de la familia Maluenda. En representación de sus ascendientes en el hall se exhibe una estatua recordatoria de Gastón Bernardo Maluenda Zúñiga, el Tony Tachuela, padre del fundador del Circo Los Tachuelas, don Joaquín Gastón Maluenda Quezada.
Ya se respira ambiente circense, una pantalla gigante exhibe episodios importantes del Circo Los Tachuelas. Ya han transcurrido treinta y nueve años, desde que en 1981, don Joaquín Maluenda Quezada decidiera cumplir el sueño de su padre quien confesó a un periodista: “ Mi sueño es tener mi propio Circo”. El sueño de su padre, el Tony Tachuela, pasó a ser su sueño.
Aureolas radiantes irradian de múltiples colores la carpa de azul intenso del circo, el sonido solemne abre las cortinas a las nueve hermosas bailarinas que saludan y dan la bienvenida al público. Ingresan los artistas junto al “señor Corales” personificado en don Joaquín Maluenda, quien en su calidad de animador principal agradece, saluda y da inicio al espectáculo
Se inicia con la máxima expresión del arte circense, los trapecistas volantes. El público se asombra cuando de manera repentina en las alturas y ante el anuncio del animador nueve trapecistas, emprenden de a pares y de manera concertada en el doble trapecio y al unísono de un mismo estilo de vuelo, su despegue y desplazamiento con elegancia hacia la suprema altura, donde sólo algunos acróbatas suelen llegar, para retornar y descender hacia su refugio; la plataforma.
Se inician los primeros ejercicios con los brazos en posición de equilibrio en el trapecio y el cuerpo extendido, como el vuelo del cóndor apacible en las alturas, extienden sus brazos hacia el encuentro con su cacher, se elevan hacia la cúspide para darle un efímero aleteo a la carpa, retornan, los sueltan en posición de entrega y se reencuentran con su trapecio para continuar el viaje hacia la plataforma.
Weslys Sousa, experimentado trapecista, se desplaza con soltura hacia su cacher e inesperadamente en la máxima de las alturas gira su cuerpo hacia la plataforma, continúa su viaje para efectuar un salto de espalda a su cacher, se deja atrapar y lo dirige hacia la carpa, retorna, se reencuentra con su trapecio, y aterriza con suavidad y delicadeza. Así es Weslys, un trapecista que nació para volar, como Tito Gaona, apasionado, que no se deja vencer por la adversidad de la vida y comparte su experiencia y conocimiento con sus jóvenes pupilos (as).
Su hijo Willi Souza, es el encargado de realizar el triple salto mortal, concentra todas sus fuerzas durante el vuelo, se lanza al espacio con tres veloces giros, llega con precisión a su cacher, mantiene su línea de vuelo, su estilo solemne, hasta recibir con gloria el aplauso del público.
Reynaldo Cáceres Hidalgo se desplaza por la línea de vuelo, sus piernas flexibles conducen el viaje, retorna a la cima de la plataforma, sus pies le hacen un guiño al sostén del trapecio, se lanza al espacio, su cuerpo se extiende, sus manos se apegan a sus caderas como la posición del soldado, doble giro extendido con la lentitud del acróbata en el agua, extiende sus brazos hacia su cacher que lo atrapa, se dirige a la carpa, retorna hacia la búsqueda de su trapecio, se reencuentran, desciende a la plataforma con la suavidad de una espuma. Un eximio trapecista internacional.
Y así, los (as) jóvenes, Nubia Maluenda, Danilo Manso, Paloma Torres, Wendy Sousa, entre otros (as), con sus líneas perfectas de vuelo acreditan porqué tienen el honor de volar y ser parte de la troupe de trapecista del Circo los Tachuelas.

La troupe de trapecistas jóvenes formados en la Academia de Arte Circense del Circo Los Tachuelas, creada por don Joaquín Maluenda y el trabajo de sus profesores Weslys Sousa, Lázaro Torres y la formación también de otras especialidades del arte circense, responde a una de las características trascendentes de la misión del Circo Chileno ; el traspaso a las sucesivas generaciones de las familias circenses del patrimonio cultural intangible. Sin este componente, sólo estamos ante una actividad comercial, lo cual es muy legítimo, para garantizar el financiamiento, pero no responde a lo que la sociedad ha definido como Circo Chileno.
Elías Maluenda que ostenta el nombre de su tío Elías González, es el continuador del apelativo Tachuela, que actualmente lo tiene su padre y que todavía no ha heredado en su integridad. Me refiero al payaso Tachuela Jr. Por analogía se podría afirmar que debe ser una réplica de su padre, pero no es así, aunque algunos lo son. Tachuela Jr. ha creado un personaje que tiene vida propia, originalidad, es único, creativo por la permanente renovación de sus rutinas, ha ido creciendo y perfeccionado su comunicación con el público. Juega con lo absurdo, el público descubre algunos de sus trucos de magia porque el mismo quiere dar a entender que todo eso es un “ engaño” gracioso. Tiene una especial manera de desplazarse, como un títere, aunque no le hace el quite a la pintura, con sus ojos, sus movimientos y dos baquetas de batería conduce al público a seguir su ritmo con lo más próximo que tienen; las manos. Aquí lo novedoso es que el público le entiende todo, cada una de sus miradas, de sus gestos, de sus movimientos, todo en él son significativos mensajes que el público responde, se ríe y se entretiene. Se complementa muy bien con King-Kong, el gigante gorila de fantasía, su estatura es tal que toca la cima de la carpa; sólo lo tiene el circo Los Tachuelas en Chile. Se encuentra inesperadamente con él cuando busca la señal para comunicarse, se asusta. King- Kong se torna apacible, lo lleva a sus brazos, le hace bromas, se torna tierno, amigable.
Joaquín Maluenda Jr., el payaso Tachuelín, representa al payaso vagabundo, triste, como era Zapatín Q. E. P. D., encargado de barrer la pista, su ropa es tan andrajosa que al agacharse se le cae su sombrero y al recogerlo se la cae su pantalón. Es tal la expresividad de su personaje que el público lo observa triste con un dejo de lástima que se intensifica cuando interpreta magistralmente, con una voz que asombra al público, la canción” Payaso” de Javier Solis.
David Barrera Cofré, Pitufín, es un payaso tradicional con elementos propios de la evolución artística que ha presentado en los últimos años este arte. Pitufín incorpora la ejecución de variados instrumentos musicales, motiva la participación del público, sus gestos y movimientos corporales se traducen en mensajes. Estamos ante un payaso con experiencia en interpretar variados instrumentos musicales y que hace de las suyas con el animador cuando no lo quiere admitir en la pista, le hace bromas y del público brotan las carcajadas.
Repentinamente ingresa a la pista el emblemático payaso Chasquilla junto a varios niños paya sitos que no son bien recibidos por el animador. Chasquillla como un niño se desahoga en llanto, se le levanta un mechón y de sus ojos salen chorros de lágrimas hacia el público. Una rutina tierna que gusta a los niños.
En la presentación de Coco, Miguel Rivera es personificado por el niño Elías Maluenda. Sueña con convertirse en un cantante famoso como su ídolo Ernesto de la Cruz, personificado por Joaquín Maluenda Jr., interpretando “Recuérdame”. Sin embargo por el transcurso de los hechos Miguel junto a su perro Dante logra entrar al mundo de los muertos donde conocerán a sus antepasados. Y es en este contexto donde se produce la conexión de los acróbatas personificando con su vestuario a los antepasados en el mundo de los muertos con la trama de la obra. Una representación colorida, dinámica, donde actúan veinte personajes que alegran y entretienen a los niños y sus padres.
Y así continúa desarrollándose la producción que aunque extensa y exponiendo gran parte de las expresiones del arte circense, el tiempo transcurre sin que el público lo sienta.
Vicente González Cartes, malabarista joven que ejerció en Australia es el encargado de deleitar al público con una de las habilidades más tradicionales del Circo Chileno. Es un artista en progresión y en la búsqueda de su propio estilo, una excelente velocidad, movilidad, altura, variedad de desplazamiento de los objetos y realiza un ejercicio difícil: malabarismo con nueve aros.
Joaquín Jr. Maluenda, joven artista que debuta en el arte de desplazamiento en el péndulo. Ejercicio de alto riesgo que genera cierta reacción de alarma en el público ante lo inesperado. Sin embargo, Joaquín se desplaza con naturalidad tanto en el interior como exterior del péndulo, realiza uno de los ejercicios clásicos: camina por el exterior con la vista cubierta, a ciegas. Es un artista en proyección, está realizando ejercicios al estilo de los mejores, como Alexis González Palma.
El globo de la muerte, uno de los ejercicios de más alto riesgo, cualquier desperfecto en las motocicletas o error u omisión en la conducción genera un grave o fatal accidente. Tachuela Jr. ingresa a la pista como paseando en su motocicleta y se le explica que debe ingresa al globo a lo cual se niega. Esto genera gracia y risas en el público. Finalmente lo empujan e ingresa al globo para juntarse con los otros motociclistas. A gran velocidad corren por el interior de la esfera como un rayo que cruza el cielo. El público estático y asombrado observa a estos avezados motociclistas.
Se abren las cortinas del coreto, la música invita a la solemnidad, la pista clara y cristalina, ingresan de gala todos los artistas protagonistas, sonríen como esperando el estímulo. Ingresa don Joaquín Maluenda con el traje negro y dorado del señor Corales, agradece al público, como una ola llegan los aplausos, el reconocimiento del público que se extiende por varios minutos
Ha finalizado la función, el día ya no es el mismo, desde mi alma de niño mientras camino de regreso fluye la alegría, la magia, el asombro, el recuerdo de este emblemático Circo: Los Tachuelas.

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