viernes, mayo 27, 2022
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EL CRECIMIENTO DEL CIRCO PANAMERICANO

La Columna de GASPAR ALTAMAR (Critico Circense)

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EL CRECIMIENTO DEL CIRCO PANAMERICANO.

Gaspar Altamar GallegosCrítico de Arte Circense.

Se ve hermosa la carpa bajo el cielo adormecido, desde el horizonte se desborda la brisa helada hacia mi rostro, el cielo suspendido de nubes entre oscuras y blancas.Donde he puesto mis ojos la solemnidad me invade, henchida como una copa de agua blanca invertida, decorada de oleaje azul hasta la cúspide de sus torres.Me acerco como lo hace el amanecer, me crece el corazón de alegría, se acerca mi buen amigo el circo, estaba esperando mi regreso, de hace tantos años Panamericano he seguido tus pasos, sé por dónde has andado y cómo has crecido.

Ya no hay distancias, he guardado mis alas, me admira la altura de la carpa, los trapecios colgados, inmóviles, la pista descansa, por acá han transitado desde antaño todas las generaciones del Circo Panamericano, nada se ha llevado el olvido.De pronto el milagro, el crepúsculo del atardecer invade el cielo de la carpa, destellan hacia la pista múltiples arcoíris, la luces viajeras despiertan al público, entre voces de júbilo y aplausos se inicia el espectáculo del Circo Panamericano.

La fiesta de lo inesperado, la celebración de la vida del circo que deja escapar su alma ante los ojos de los niños, el inicio de este viaje, el clown, personaje legendario, la elegancia de su traje colorido, de sus palabras. El señor Corales abre la cortina a las estrellas que arriban presurosas a la pista, sus miradas alegres, vestidas de princesas, flamean las acrobacias como el viento en las montañas, mientras los monociclos despejan los espacios, los aros luminosos como un faro en la neblina, la risa de los payasos dibujada en sus rostros. Qué solemne y magistral inicio del Circo Panamericano.

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Sujeta sus manos a las cuerdas verticales, su cuerpo inmóvil, su mirada concentrada, quién lo conduce a las alturas- me pregunto- el enigma de lo inesperado del circo, ahí va el viajero, ascenso solemne, descenso veloz, inesperado para un público que se impacienta, vuela, vuela amigo, tú eres el rey del espacio, cuál brazos del cóndor te entregas a tu apacible vuelo, todos te siguen con su mirada, con el sueño de ser libres de este mundo de tanto agobio, su cuerpo gira, flamea como una blanca bandera, desea liberarse de esas cuerdas que atan nuestras vidas, desde lo alto del horizonte suelta las ataduras asidas a su cintura, el público desahoga su alegría. Artista acróbata de las cuerdas de primer nivel, un acierto su llegada al Circo Panamericano.

Estamos tan sólo ante la entrada del reino del circo, nos reciben el séquito de príncipes, los payasos Pirinolas, nombre reservado a los hermanos González, su abuelo Liborio dejó esta herencia intangible, nombre de payasitos que giran como un carrusel; pirinola, remolino, trompito.Ahora quiero ser feliz, cante la risa en cada uno de ustedes, dejad que los Perinolas toquen tu alma, dejad cualquier dejo de amargura, el circo quiere que seas feliz. Qué sorpresa los Perinolas ya no son niños, han crecido entre vuelos y risas, al abrigo de su carpa. Irrumpen la pista con acrobacias, levantan el ánimo por todos los costados, mientras el señor Corales, en su formalidad se inquieta cuando simulan caídas, doblegan como una serpiente su cuerpo, todo para que el público deje la compostura, la puntualidad y se entregue a lo que siempre han querido; ser felices.

El Circo Panamericano, tiene la virtud de preservar la actuación colectiva de los payasos en la pista, en oposición al individualismo, en que tan sólo un payaso se relaciona con un animador imaginario. A este colectivo se agrega la interacción comunicativa, el público es parte actica del espectáculo, tiene que decidir si defiende a los payasitos o al maestro de ceremonia que desea expulsarlos, la manifestación no se deja esperar, a expresarse en apoyo a los payasitos, sin ellos no puede continuar la función. Hay que expulsarlos insiste el señor Corales, solicita la presencia del guardia del circo, la antítesis de éste, de baja estatura, evade a su opositor o no quiere expulsar a los payasitos protegiendo al más débil, se hace que no entiende, simula haciendo payasadas con tal de evitar la injusticia, hasta que se produce la conciliación y pueden expresar sus talentos, el canto de David González y el trompetista, Elías González, que hace gala de su talento musical.Tenía en sus manos un fino hilo, casi invisible, de dónde viene este pequeño faro amarillo, se asombran mis ojos, circulan como soles en el aire, se deja escapar hacia el infinito de la carpa, regresa a su nido como si no existiera la distancia, sigue la huella de los pasos de su creador, descifra el movimiento de sus brazos, es el vuelo de una golondrina amarilla encendida. Qué maravillosa es esta fantasía, cómo se desbordan los aplausos para este joven artista malabarista de diábolos, todo a la perfección, una nueva estrella del Circo Panamericano.

Me viene a ver el circo desde lo alto, tu piel de cielo azul, luciérnagas voladoras de múltiples colores, las princesas con la mirada altiva y sus manos enaltecidas, coronadas de música española se entregan a su baile, dejad a la acróbata de las cuerdas que siga su giro como un remolino enardecido, como un diminuto carrusel viaja a las alturas, con la cabeza erguida mirando el cielo, se ve tan hermosa como una reina coronada. Nada se compara a tanta elegancia en su vuelo, sostenida en su propio cuerpo se deja llevar por el espacio, acrobacias figurativas de los seres que habitan en lo alto del cielo, se deja enamorar por este viaje, abajo abierta la mirada de la gente, sumida en sus ensueños; dejad por tan sólo unos minutos el duro cemento, dejad que su cuerpo transite por caminos de aire, sus brazos y piernas liberadas. Regresa, se despide alegre de su público. Nadia Da Silva, una artista que no deja de impresionar, de día en día ha perfeccionado su arte, una estrella internacional que sigue creciendo en el Circo Panamericano.

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Hoy es un día hermoso, acá los días son especiales, coloridos como la primavera, así es el circo, de trajes con estrellas luminosas, de jóvenes acróbatas talentosos; los hermanos González irrumpen con veloces giros en la cama elástica, se engrandecen como una escalera elástica, doble y triple salto mortal y a los hombros de uno de sus hermanos, ¡cuidado!, un breve desequilibrio impacienta al público, es tan sólo un efecto artístico, ahí está el bufón de la corte circense para enaltecer tu ánimo, dándoselas de acróbata, termina con las piernas sumidas entre las cuerdas de la cama elástica, una innovación, por cierto el conjugar en un acto la figura legendaria del bufón con las acrobacias. Los hermanos González, siguen brillando en el Circo Panamericano. Aros luminosos inundan los cuatro costados de la pista, qué vendrá- me pregunto-, cuando el candente ritmo reanima de improviso al público, de blanco su vestido y corona, danza con la solemnidad de su reinado, todo su cuerpo le irradia energía a los aros veloces, recorren por los caminos invisible de su cuerpo, sus manos se entregan al juego infatigable, la vida es un anillo en su cintura, llena de energía, de alegría. Y llega lo inesperado, innumerables anillos llegan desde lo alto, sus manos extendidas las acogen con delicadeza, las llevan desde sus brazos a su cintura donde siguen con vida hasta que se adormecen. Una de las mejores artistas de la fantasía del hula hula, su nombre Irina Poema, desde los Estados Unidos al Circo PanamericanoSé que nada me ha pasado, sólo estoy pleno, como si tocara la cima del cielo, todo ha sido desde la pista hacia las alturas, si pudiera soñar con el vuelo de la princesa en el aro aéreo asido a su cintura, no es un sueño, ahí va elocuente saludando con las manos enaltecidas, sus piernas extendidas, de dónde viene ese anillo extendido en el espacio, sujeto a una cuerda, circulando desde lo alto, tan perfecto como la boca de una guitarra, sus acrobacias por los caminos del aro, ningún movimiento rompe el dogma del equilibrio, nada se desborda hacia el vacío, todo es como el apacible vuelo de una paloma hacia el horizonte.

Quisiera tener otros ojos, mi mirada se inquieta cuando dos motociclistas veloces se cruzan a tan sólo unos segundos de la muerte, giran por el espacio interior de la esfera metálica, sellado, hermético, sólo ustedes viajeros enardecidos saben cómo despejar los caminos, no te encuentres con el fin, he aquí nuestra compasión para que se salven, no queremos ningún gemido inconsolable o grito de espanto, giren, giren como una estela de luz por el globo, no pierdan el sitio del reencuentro. Qué alivio, seguirán los días para estos viajeros. Lentamente se cierran los párpados del cielo, por mis ojos transita la oscuridad, presiento que escalan hacia las alturas, vestidos de lejanía, ¿quiénes guían sus pasos?, ¡mirad como suben a desplegar sus alas! La luz deja escapar toda su alma, ahí están en lo más alto, colgados en el espacio, dos cátcher y ocho trapecistas volantes. He aquí el sueño de volar, de vencer el vacío, como si el trapecio fuese un fiel aliado de este dúo de trapecista volantes que inician su vuelo, son idénticos en su estilo, en sus movimientos ni un milímetro los distancia, sus piernas unidas y flexibles, cambian de posición para regresar a la plataforma, mientras los cátcher afinan la velocidad y tiempo exacto en sus memorias.

Ahí están esas manos milagrosas, atentas para atrapar en tan sólo unos segundos a los trapecistas volantes, todo está calculado, giros perfectos, la altura no puede exceder ni unos milímetros, no hay minutos para vacilaciones, indecisiones, hay que entregarse en cuerpo y alma a una de las hazañas de más alto riesgo del circo.

No se preocupen, años y años suman de experiencia, don Elías González Palma, transmitió sus conocimientos a sus hijos trapecistas y un estilo de vuelo colmado de solemnidad Veamos, entonces, el vuelo de la troupe de Jonathan González Rozas, el mismo impulso para el dúo de trapecista, se inicia el vuelo al término del segundo acordado, veloces se despliegan sus piernas a la cima, ambas unidas, expresión solemne del arte circense viviente , ambos cátcher dejan caer con soltura sus brazos, el retorno elegante, a la altura de la plataforma reinician el viaje, llegan al sendero dibujado en sus mentes, abandonan el trapecio, por tan sólo unos segundos, se entregan al espacio en doble giro, las manos solidarias de los cátcher los rescatan del vacío, los devuelven a sus morada, a su nido.

Qué sería del circo si no existieran los vuelos de los trapecios, cuál espacio inerte en su cima, en su cielo dormido. Aquí están quienes habitan en el espacio desde niños, los hermanos González: Elías, Liborio, Jonathan, Pedro y David, innumerables han sido sus vuelos, coronados con el cuádruple salto mortal, desde esta hazaña de Jonathan cambió la historia de los trapecios en Chile. Jonathan despliega su vuelo con soltura, él y su trapecio son fieles amigos, cómplices de esta benigna aventura, se expresan con el lenguaje de los trapecios; elegancia, flexibilidad, ejerce su arte con disciplina.

He aquí dos de los mejores trapecistas jóvenes de Chile, los hermanos Pedro y David González, atentos, concentrados en la plataforma, ambos se comunican desde su interioridad, esperan el segundo de la salida, abajo la red inmóvil, arriba la piel brillosa de la carpa, de frente los cátcher invierten su cuerpo, sólo un gesto de sus manos es suficiente, al unísono la partida, se inicia el viaje, nadie se mueve, las miradas se alargan, una brisa helada recorre mi piel, danzan sus cuerpos hacia la máxima de las alturas, la fuerza acumulada fluye apacible hacia el retorno, sus piernas se acercan a su pecho en el sitio vacío de la plataforma, se extienden sus piernas, sostienen con liviandad la energía que los lleva a los tres giros, a las manos de sus cátcher con soltura, una unión apacible los conduce a la plataforma.La magistral despedida de los artistas ha llegado, el aplauso del público es interminable, Elías González Rozas, el maestro de ceremonia agradece entre aplausos y vítores de alegría.

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El Circo Panamericano es un espectáculo circense de primer nivel, los artistas de Chile y del extranjero de calidad, lo maravilloso del vestuario, la calidad del ballet, lo moderno del sonido, de la iluminación y la carpa única en Chile de ocho torres. He aquí el crecimiento cimentado desde hace muchos años, su identidad propia, como circo tradicional chileno.

Gracias mi buen amigo, el Circo Panamericano, he disfrutado, vivenciado muchas emociones, qué hacerle soy feliz Me gusta Comentar Compartir

Para el Diario La Leona, Gaspar Altamar Corresponsal en Los Ángeles Chile

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