miércoles, noviembre 30, 2022
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LA COLUMNA DE GASPAR ALTAMAR (Critico Circense)

EL CIRCO LOS TACHUELAS TRADICIÓN DE ARTE CIRCENSE EN CHILE.

Gaspar Altamar Gallegos

Crítico de Arte Circense.

A mis ojos llega de improviso lo que tanto añoraba, la carpa de blanco, ceñida con bandas rosadas y erguida hacia el cielo estrellado, como diciéndome: – has llegado, te estoy esperando, amigo- .Siento que todo canta en mí, me inunda la alegría, siento mis ojos húmedos, mi corazón ya viejo de tanto latir se emociona, miro hacia los costados y no puedo dejar de impresionarme, la tierra inundada de gente, contemplo la carpa, la siento como una estatua de cristal iluminada en una noche creada para recibir a uno de los circos más representativos del arte circense tradicional de Chile.

Ingreso al circo, la cintura de su cuerpo con un público innumerable, abajo la pista silenciosa, en su seno cobija sus orígenes y legado, aunque es de noche en la cima la brisa azul y calma sostiene los trapecios, inmóviles a la espera de los vuelos.

Dejad que el público sea feliz, fueron muchos los años de espera para tener en la cuna de la cultura al circo que alberga en su corazón la esencia imperecedera de la cultura tradicional de arte circense.

Aquí las familias unidas, acá todo tiene alegría, nada está vacío, acá el otoño se ha llenado de risas, acá se espera que la tristeza se llene de regalos, porque el circo nació para que seas feliz, pero feliz con tu familia.

Vamos, todo es de colores, dejadme ahí en este hermoso paraíso donde el milagro abre sus cortinas e ingresa el ballet coronado de ritmo, de delicadeza, de dulzura, son los primeros rostros que te desgranan de alegría y te inundan de ternura. E aquí, junto a cuatro de sus nietos, ingresa el maestro de pista, elegancia dorada en su vestimenta, portador del legado y creador del Circo Los Tachuelas, don Joaquín Maluenda Quezada.

Abrid las puertas de tu corazón, dejad que la magia, la ilusión, los sueños, las esperanzas, la alegría inunden tu vida, aunque nada sea tuyo o te sientas abandonado acá te llenaras de regalos; las familias unidas, los niños se desbordarán de alegría, hasta las manos serán una sonrisa, y entre una y otras renacerá el júbilo que por la pandemia habíamos perdido.

Mirad el sueño de volar, la troupe de trapecistas del circo Los Tachuelas, inicia uno de los actos más complejos y de mayor riesgo que el circo haya creado. Expectación, silencio, las miradas atentas, voces que se desahogan al unísono, explosiones de aplausos, acá transitan todas las emociones. En la plataforma los trapecistas prestos a iniciar los vuelos, veamos la elegancia, la movilidad y flexibilidad de estos viajeros del espacio. El maestro de ceremonia anuncia los vuelos de reconocimiento de cada uno de los trapecistas, cuál traslación por los caminos invisibles del espacio,

LOS TACHUELAS REGRESARON TRAS 5 AÑOS AL BIO BIO | Radiodifusora Patagual  1530 AM

refinados en sus contorciones hacia la creación del impulso y la conquista de la máxima altura, avezados trapecistas formados es esta troupe, de aquí nació y se formó Gastón Maluenda Jr. uno de los mejores trapecistas del mundo que logró el cuádruple salto mortal. Ambos cátcher, concentrados, atentos, de esas manos gloriosas dependerá la vida de los arriesgados, de los vencedores del riesgos que inician los vuelos: en su máxima expresión el double layout , dos giros lentos del cuerpo con los brazos y piernas extendidas buscando al cátcher, el double double con dos giros en posición horizontal para dejarse llevar hacia las manos del cátcher, dos triple tuck con la máxima elevación y velocidad en los tres giros para ser atrapados por sus respectivos cátcher, se intenta lo inesperado para el público, el cuádruple salto mortal, Álvaro Maluenda Andrich inicia el vuelo, busca la máxima altura en la primera salida, retorna transitando veloz, entregándose a las cuatro vueltas a la máxima aceleración, su cátcher no lo puede atrapar, sin embargo, su salto está bien orientado en esta etapa de experimentación, leve altura, proximidad al cátcher y corte en el último giro. Álvaro concentra todos los talentos para lograr esta hazaña. La troupe de trapecistas del Circo Los Tachuelas, integrada por la familia Sousa; Weslys, Willi, Wendy, Los Maluenda; Nubia, Álvaro; Paloma Torres, Reynaldo Cáceres, Danilo Manzo, entre otros.

A veces cuando tus ojos están cansados y las horas son oscuras ve al Circo, al entrar verás la figura del payaso que te hará transitar por los senderos de la tristeza, de la risa, de la alegría, de la expresión que estalla en tu rostro.

Ahí está Tachuela Jr., Elías Maluenda González, el payaso creativo, original, de su padre el Tachuela Grande acogió su vocación, de su talento lo espontáneo, tiene la virtud de reaccionar ante cualquier imprevisto del público, es como un imán, todos quedan prendidos de los gestos de su rostro, de sus manos, de sus piernas, es un maestro de la comunicación no verbal, con tan sólo el sonido de dos baquetas de su batería anima al público a competir, a escuchar la música sonora de miles de manos. Su arte irradia ternura, aunque su rostro está pintado sus expresiones sobrepasan cualquier barrera. Su arte no lo hace ningún otro payaso, es arte único, original, autor de este estilo muy difícil de imitar y no lo intente, porque al contenido se agrega su talento. Tachuela Jr. está en la cúspide de su carrera y desde mi opinión es en la actualidad el mejor payaso chileno en ejercicio. Para el público fue el protagonista del espectáculo, se notó, como le expresaban muestras de cariño, de aplausos. Corona su actuación con una peculiar parodia, la ópera obra de un público selectivo se transfiere al pueblo, una cantante que de plano sería rechazada en su entorno formal, se transforma en la musa, donde Tachuela Jr. las hace de un actor que transgrede la formalidad; dar rienda suelta a la risa del público.

Si bien el circo incentiva el camino de la sana esperanza, de la alegría, el payaso es un personaje capaz de expresar todas las emociones, su vida no está exenta de tristeza, de vicisitudes. La risa se aleja, escondemos nuestras voces, mientras el payaso traposo, afligido, de ojos melancólicos, portando la fragilidad de su destino rutinario transita, aseando la pista, no pudiendo avanzar, porque nada se sostiene en su cuerpo, el sino trágico de la pobreza llega hasta el alma del público, reflejada en este payado talentoso, Tachuelín, de comunicar es su rostro, lo que siente en su alma y en su canto de desenlace, donde desgrana la realidad no tan sólo del payaso, sino de nuestra indolente sociedad. Joaquín Maluenda González personifica a Tachuelín, incorpora a su dramatización la canción Payaso, enlace acertado a las emociones de su personaje.

Cada uno de estos dos payasos siguió su propio estilo de acuerdo a sus talentos, crearon su arte en la comunicación no verbal, en la música y el canto, así como el Tachuela grande tuvo la virtud de crear el dúo de payasos más reconocidos junto a su hermano el Tachuela Chico, sus hijos también optaron por la creatividad, la innovación, en un contexto en que la excesiva individualización de muchos payasos de otros circos, no sobrepasa la animación, los gritos, saltos, carentes de arte y de contenido significativo, de acercamiento a lo menos a la preservación de la tradición circense.

Esta vivencia tan significativa como el aire para la vida, se fortalece con la actuación de David Barrera Cofré, personifica a Pitufín, un payaso dinámico, infantil en sus juegos, músico y por sobre todo transmite su experiencia de vida, muy conmovedora, me llegó a lo más recóndito de mi alma, pero al fin mis ojos llorosos expresaron un estallido de esperanza, de no perderla nunca, aunque nos enfrentemos a lo imposible. Un mensaje que llegó a los padres, los vi emocionados mirando a sus hijos, abrazándolos, mirándose a los ojos.

Un acierto de integrar a la producción al dúo de acróbatas cómicos, siendo los acróbatas tan precisos y elegantes en sus saltos, se les presenta en el marco de la informalidad, conservando sus destrezas, realizando lo que menos espera el público, un juego de acrobacias, de caídas, de saltos, de roces que genera un manantial de risas, en especial en los niños.

Que me traen volando sobre la esfera del tiempo, ahí van los sueños sobre esas manos, su espalda, sus ojos prendidos a los de su amante, como una sola vida: vuela, vuela, esas alas que parecen tocarme en su amor secreto, giran como si la brisa los llevara por el entorno de las alturas volando, volando hasta finalizar su viaje. Eximios acróbatas de las cuerdas, nos traen volando sus sueños.

Gracias a todo aquello que vivimos en el circo, siempre hay palabras para recordar, para recrear en la pista, la historia del circo no se disemina, está viva, latente en la memoria del pueblo. Y aquí está la historia recreada con animales animatrónicos en la recordada selva donde tarzán, personificado por un acróbata hace gala de sus destrezas de vuelo prendido de la liana, los elefantes de movimientos plácidos, saludando al público, el ballet anima el ambiente selvático, King kong, emerge con imponentes gruñidos, , la gente abre aún más sus ojos y retrocede en sus asientos, ante tan magno personaje, de pronto llega Boy, hijo adoptivo de Tarzán y Jane, que encontraron en la jungla después de haber sobrevivido a un accidente de avión. Boy, el niño que montó elefantes, cruzó la selva en dianas, compartió sus juegos con su mejor amigo, la chimpancé Chita. Recreación maravillosa, transita desde la fantasía al realismo por la calidad de la producción. Los niños felices, muy felices.

Andares por los senderos del riesgo, de lo inesperado si vacila en la indecisión, la frialdad de enfrentarse a la altura sin protección, donde un error u omisión te lleva al vacío, al silencio, pero la vida está inundada de lo inesperado, de lo involuntario, nadie espera, a veces sucede. Sin embargo, hay seres entrenados para vencer a ciegas los caminos invisibles, estrechos, oscuros, la velocidad reducida a un globo metálico. Gira el péndulo una y otra vez, te imaginas los andares por un reducido camino que oscila, no puedas controlar la velocidad, donde tú conllevas la dirección, no hay frenos. El acróbata del péndulo continúa su viaje, cómo se sostiene a tan veloces giros y a ciegas, cómo en la máxima altura se sostiene con tanta naturalidad. Joaquín Maluenda, reconocido por sus actos de alto riesgo.

Cómo es posible superar la gravedad terrestre girando sobre una moto a gran velocidad en el interior de un globo metálico de diez metros de diámetro, sólo la fuerza de la velocidad la vence, la destreza y frialdad del motociclista de evitar un obstáculo. Giran a gran velocidad los motociclista, el ruido ensordecedor de los motores a la máxima , sólo silencio y expectación, nadie se mueve, las mirada fija, los ojos oscilantes siguiéndolos, siento la piel rugosa, un escalofrío me impacienta, temo de un estallido entre las motocicletas, hasta que por fin detienen su viaje, aplausos, aplausos de desahogo, de alivio.

Gracias: la palabra que rompe las barreras, que une, que se agita de aplausos, de miradas alegres entre los artistas y cada una de las miles de personas que han honrado al Circo Los Tachuelas, con su presencia. Las gracias mutuas, fructíferas, donde los seres desde la distancia se abrazan, gracias a ti por reconocer y valorar la cultura de arte circense tradicional, a ustedes artistas por enaltecer y preservar el legado que heredaron de sus antepasados

Panoramio - Photo of Circo Los Tachuelas (Agosto 2007) | Carpa de circo,  Circo, Carpa

He aquí en esta pista, los artistas se despiden, acogen agradecidos la colorida lluvia de aplausos, que inunda de alegría el rostro de cada uno de los artistas, el pan, el agua que alimentan sus almas. No me cabe tanta alegría, como la cultura nos acerca, rompe las distancias, vence la displicencia, la tristeza, el circo tradicional es la expresión de lo humano, se viven múltiples y variadas emociones, una parodia ante la indolencia de la sociedad, una súplica para que seamos mejores personas, más solidarios con nuestro prójimo. Esto representa el circo tradicional chileno y en especial el Circo Los Tachuelas.

Fotos en Circo Los Tachuelas - Entretenimiento general en Estación Central

Joaquín Maluenda Quezada, creador del Circo Los Tachuelas el año 1981, ha dignificado el circo chileno; su legado cultural es innumerable, una persona modesta, honesta, solidaria, buen amigo, un amante del circo, ha hecho historia y la ha contado en su libro: “Recordar es Vivir” del escritor Alonso Garay Silva. Agradece a su público que años lo ha premiado con su asistencia.

En el corazón de la región del Ñuble, Chillan, el Circo más representativo del legado, de la tradición cultural de arte circense de nuestro país desembarca en el seno de la cultura, en esta región donde nacieron Violeta Parra, Nicanor Parra, Gonzalo Roja, Marta Brunet, Marta Colvin y el padre de nuestra patria Bernardo O’Higgins

Para el Diario La Leona desde Los Angeles Chile Gaspar Altamar Critico Circense—–Corresponsal Diario La Leona

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